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Esperanza Galeano, una mujer que reverdece y con su saber contribuye al cuidado del ambiente

Esperanza Galeano, una mujer que reverdece y con su saber contribuye al cuidado del ambiente

$Titulo_SEO.getData() Esperanza Galeano, una mujer que reverdece y con su saber contribuye al cuidado del ambiente

 

Bogotá, 30 de diciembre de 2021. (@AmbienteBogota). En un pequeño lugar del barrio Atenas, en la localidad de San Cristóbal, Esperanza Galeano abrió, junto con otras tres mujeres, un espacio para cultivar aromáticas y brindarles a sus vecinos una alternativa natural para aliviar los dolores. 

"Lo mío siempre ha sido calmarles el dolor a otras personas y, además, me encanta la naturaleza. Yo creo que las aromáticas son yerbas que tienen buenos efectos en muchas cosas", cuenta ella.

La huerta contiene menta, canelón, ruda, perejil y brevo, entre otras plantas. Esta se ha convertido en un sitio ideal para la integración, el aprendizaje y el aprovechamiento comunitario en torno a la agricultura urbana.

El proyecto comenzó hace siete meses con el apoyo de sus vecinas Martha, Janeth y Adela, con quienes se rota para hacer la limpieza y el mantenimiento del espacio, rociar las plantas y realizar todas las actividades pertinentes para mantener la huerta en buen estado.

Con su iniciativa, se benefician todos los niños, jóvenes y adultos que viven en la cuadra. De hecho, algunos de los pequeños asisten esporádicamente para aprender de los saberes de Esperanza y, así, poder contribuir al cuidado del ambiente con mejores prácticas de agricultura.

Los vecinos que deseen una porción de aromáticas solo tienen que acudir a ella o, cuando no está, simplemente van a la huerta y la sacan de allí, sin dejar nada a cambio. Así funciona la iniciativa comunitaria, como dice ella: "si necesitan, ¡bien puedan!".
Esta mujer nació en Santander y se trasladó a Bogotá cuando tenía nueve años, siempre ha sentido un gusto especial por la conservación de la naturaleza y sueña con regresar algún día al campo.

Antes de vivir en el barrio Atenas, tenía una casa en Juan Rey, donde también contaba con una gran huerta comunitaria en la que no solo cultivaba aromáticas sino todo tipo de hortalizas.

Aunque tiene experiencia en estas labores, ella cuenta que gracias al programa "Mujeres que reverdecen", liderado por la Secretaría de Ambiente y el Jardín Botánico, ha logrado fortalecer sus conocimientos en la conservación de la naturaleza y ha aprendido importantes lecciones sobre la forma en que puede cultivar sus propios alimentos de manera sostenible.

Para ella, esta iniciativa se ha convertido en una oportunidad para reconectarse con su pasión por el medioambiente, intercambiar experiencias con otras mujeres y adquirir nuevos saberes.

"Estoy muy feliz con el programa. Vivo muy agradecida porque yo estaba pasando un momento duro en mi vida. Por lo menos, a mí me ha servido para salir de esa situación y poder volver a trabajar la naturaleza, que era lo que tanto anhelaba", expresa.

Uno de sus consejos para quienes quieran cultivar sus propias aromáticas es sembrar adentro de la casa el 'piecito' y luego sacarlas a la huerta con la misma tierra. 

Esperanza tiene 65 años y vive con sus tres hijos. En sus ratos libres pinta, lee, cuida la huerta y, por las tardes, se dedica a las capacitaciones del programa ¿Mujeres que reverdecen¿.

¿Qué es "Mujeres que reverdecen"?

Es una iniciativa impulsada por la alcaldesa Claudia López para fortalecer las capacidades de mujeres en situación de vulnerabilidad y apoyarlas económicamente, al tiempo que se avanza en el reverdecimiento de Bogotá.

El programa tiene dos estrategias: Aprender haciendo y Sembradoras por la ReactivAcción. La primera, a la que está vinculada Esperanza, consiste en un proceso de formación teórico-práctico de seis meses en restauración y mantenimiento de ecosistemas, huertas agroecológicas, mejoramiento de coberturas vegetales y viverismo, con el que se benefician 4.000 mujeres a través de transferencias mensuales condicionadas de $560.000.

La segunda consiste en la generación de 1.070 empleos verdes, dirigidos especialmente a mujeres, a través de 20 organizaciones no gubernamentales ambientales.